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	<title>Iglesia Bíblica Comunidad de la Gracia</title>
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	<description>La Iglesia Bíblica Comunidad de la Gracia, es parte de la Asociación de Iglesias Bautistas Reformadas de América, conocida por sus siglas como ARBCA y que comienza sus actividades en Chile el 13 de marzo del año 2005, con el Objetivo de Glorificar a Dios y dar a conocer las Buenas Nuevas del Evangelio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo al mundo.</description>
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		<title>George Müller (1805-1898)</title>
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		<pubDate>Tue, 01 May 2012 20:14:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Abraham Serey</dc:creator>
				<category><![CDATA[Biografías]]></category>
		<category><![CDATA[fe]]></category>
		<category><![CDATA[oración]]></category>
		<category><![CDATA[vida cristiana]]></category>

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		<description><![CDATA[Semblanza de George Müller, el conocido hombre de oración alemán, que hizo una portentosa obra para Dios entre los huérfanos en Inglaterra. Padre de huérfanos Abigail era la hija más pequeña de una pareja de padres que temían a Dios. Su primera oración infantil fue dicha en las rodillas de George Müller, el gran hombre [...]]]></description>
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<p>Semblanza de George Müller, el conocido hombre de oración alemán, que hizo una portentosa obra para Dios entre los huérfanos en Inglaterra.</p>
<h3>Padre de huérfanos</h3>
<p>Abigail era la hija más pequeña de una pareja de padres que temían a Dios. Su primera oración infantil fue dicha en las rodillas de George Müller, el gran hombre de fe del siglo XIX. Un día, la pequeña, que tenía sólo 3 años de edad, le dijo: «Me gustaría que Dios respondiese mis oraciones de la misma forma que responde las suyas». «Él responderá», fue la respuesta inmediata de Müller. Tomando a la pequeña en su regazo él repitió la promesa de Dios: «Todo cuanto pidieres en oración, creed que lo recibisteis, y lo recibiréis». «Ahora, Abbie, ¿qué es lo que deseas pedir a Dios?». «Yo quiero lana», dijo ella. Entonces él, juntando las manos en actitud de oración, dijo: «Ahora, repite lo que yo voy a decir: «Por favor, Dios, manda lana para Abbie» – «Por favor, Dios, manda lana para Abbie», repitió la niña, y saltando, corrió para jugar, perfectamente satisfecha. De repente ella volvió, y, subiendo a sus rodillas, dijo: «Por favor, Dios, manda en colores variados».</p>
<p>Al día siguiente ella se llenó de gozo y alegría al recibir una caja que vino por el correo, con una gran cantidad de ovillos de lana de colores variados. Su profesora, que estaba fuera realizando una visita, encontró los ovillos de lana y pensó que a su alumna podrían gustarles.</p>
<h3>Primeros años</h3>
<p>George Müller fue uno de los mayores hombres de oración de toda la historia. Andrew Murray escribió sobre él: «Del mismo modo que Dios colocó al apóstol Pablo como un ejemplo en su vida de oración para los cristianos de todos los tiempos, así también puso a George Müller, en tiempos más recientes, como una prueba para Su iglesia, de que él continúa respondiendo siempre la oración, en forma literal y maravillosa».</p>
<p>Nació en Alemania en el año 1805, y su juventud estuvo marcada por la maldad y el despilfarro. De niño tuvo una fuerte inclinación por el engaño y el robo, razón por la cual llegó a estar encarcelado durante veinticinco días.</p>
<p>En noviembre de 1825 conoció al Señor en una sencilla reunión en una casa, a la cual, sorprendentemente, se hizo invitar por un amigo cristiano. Desde entonces comienza a manifestarse un profundo vuelco en su manera de ser y de vivir, aunque no sin severas pruebas y fracasos. Su padre quería hacerle pastor luterano, pero él quería hacerse misionero. Cinco veces se ofreció para enrolarse, pero cada vez hubo obstáculos en el camino, permitidos por el Señor. Finalmente solicitó su admisión en la «Sociedad Londinense para la Evangelización de los Judíos». Fue aceptado, y se trasladó a Londres en marzo de 1829, aunque nunca llegó a ejercer allí.</p>
<p>Por ese tiempo había comenzado un despertar entre muchos creyentes, quienes a la luz del Nuevo Testamento habían decidido separarse de los sistemas denominacionales y reunirse en sencillez solamente como hijos de Dios. Este fue el principio de lo que se conoció más tarde como el movimiento de los «Hermanos de Plymouth». En Inglaterra, George Müller conoció a A. N. Groves y Henry Craik, que tuvieron una gran influencia en su vida.</p>
<h3>Su «segunda conversión»</h3>
<p>En julio de 1829, cuatro años después de su conversión, mientras estaba en el pueblo de Teignmouth reponiéndose de una enfermedad, George Müller tuvo una experiencia espiritual que nunca olvidaría. Allí escuchó a alguien predicar. He aquí su testimonio: «Aunque no me hubiese agradado del todo lo que habló, pude ver una gravedad y solemnidad en él, diferente de los demás. A través de este hermano, el Señor me concedió una gran gracia, por la cual tengo motivos para engrandecerle por toda la eternidad. Dios comenzó a mostrarme que sólo la Palabra de Dios debe ser nuestra regla de juicio en las cosas espirituales; que ella sólo puede ser explicada por el Espíritu Santo, y que en nuestros días, igual que en los primeros tiempos, él es el Maestro de su pueblo. Yo no comprendía experimentalmente el oficio del Espíritu Santo hasta esa época. No había visto que el Espíritu Santo, solo, nos puede enseñar respecto de nuestro estado natural, mostrarnos nuestra necesidad del Salvador, habilitarnos a creer en Cristo, explicarnos las Escrituras, ayudarnos a predicar, etc.»</p>
<p>«Entender este punto en particular fue, en principio, lo que tuvo un gran efecto sobre mí, pues el Señor me habilitó para ponerlo en práctica, dejando de lado comentarios, y casi todos los otros libros, y simplemente leer la Palabra de Dios y estudiarla. El resultado de eso, fue que la primera noche en que me encerré en mi cuarto para entregarme a la oración y a la meditación de las Escrituras, aprendí en pocas horas más de lo que había aprendido durante los últimos meses. Pero la mayor diferencia fue que recibí fuerza verdadera en mi alma, al hacerlo de aquella manera».<small>1</small></p>
<p>«A más de eso, agradó al Señor conducirme a observar un patrón de devoción más alto que el que había tenido anteriormente. Me condujo, en parte, a ver lo que es mi gloria en este mundo, también a ser pobre y despreciable con Cristo. Regresé a Londres mucho mejor de mi cuerpo. En cuanto a mi alma, el cambio fue tan grande, que fue como una segunda conversión».</p>
<p>Al año siguiente, George Müller decidió establecerse en Teignmouth, donde fue invitado a hacerse cargo de una pequeña congregación. Habiendo visto la necesidad de depender enteramente de Dios para su mantenimiento, renunció al pequeño sueldo que recibía. Ese mismo año contrae matrimonio con Mary Groves, hermana de A. N. Groves. Juntos se aventuran a una vida de fe, vendiendo las propiedades que tenían, para depender enteramente de Dios.</p>
<h3>La obra en Bristol</h3>
<p>Dos años más tarde, Henry Craik recibió una invitación para ir a Bristol a celebrar reuniones, y éste invitó a George Müller para que le ayudara. La predicación fue tan bien recibida, que los hermanos les invitaron para que se fueran a vivir a Bristol. Así el Señor conducía las cosas para lo que habría de ser el mayor servicio en la vida de Müller. La obra allí en Bristol experimentó un extraordinario crecimiento. En un ambiente de fe sencilla y celo fervoroso, ajeno a las tradiciones humanas y a la mundanalidad, estos dos ministros se ejercitaron en la fe para un servicio posterior de más amplias dimensiones.</p>
<p>En 1834 fundaron la Institución de Conocimientos Escriturales con el fin de fundar escuelas, distribuir las Escrituras y apoyar los esfuerzos misioneros.<br />
<span><img class="photo_img img aligncenter" src="https://fbcdn-sphotos-a.akamaihd.net/hphotos-ak-ash2/18042_445625365161_401647015161_11005309_7043641_n.jpg" alt="" width="100%" height="40%" /></span></p>
<p>Pero la obra magna fue la que Müller realizó entre los huérfanos. Influido por la biografía de A. H. Francke, de Alemania, y corroborado por su propia experiencia de haber vivido dos meses en la Casa de Huérfanos de Halle, le vino al corazón el procurar hacer algo por los niños hambrientos y harapientos de Bristol. Una experiencia muy triste vivida en una de las escuelas de la institución, y la dirección que le daba la Palabra del Salmo 81: 10, «&#8230;abre tu boca que yo la llenaré», apuraron la realización de ese anhelo.</p>
<p>Así fue como en diciembre de 1835, luego de someter el proyecto a un grupo de hermanos, se concretó la idea, arrendándose una casa para atender a un grupo de niñas. Al año siguiente se arrendó una segunda casa para niños pequeños, y una tercera para niños más grandes. Los primeros colaboradores en esta obra ofrecieron incluso sus muebles personales y su servicio gratuito.<br />
<span><img class="photo_img img" src="https://fbcdn-sphotos-a.akamaihd.net/hphotos-ak-prn1/18042_445625575161_401647015161_11005310_1126704_n.jpg" alt="" width="100%" height="40%" /></span><br />
George Müller pensaba que si él, siendo un hombre pobre, y sin pedir nada a nadie sino a Dios, podía conseguir los medios suficientes para abrir y mantener una casa de huérfanos, habría un testimonio concreto de que Dios contesta las oraciones de su pueblo. Debido a la demanda de cupos, pronto se hizo evidente que sería necesario tener casas propias, construidas expresamente para tal propósito.</p>
<p>Como respuesta a la oración, desde el 10 de diciembre de1845, se empezaron a suceder los donativos. Así fue como pronto se compraron los terrenos –a un precio muy rebajado– y se comenzó la construcción. El 18 de junio de 1849, los trescientos niños que a esa fecha eran atendidos, se fueron a su nueva casa, ubicada en el distrito de Ashley Down. Ocho años después, en noviembre de 1857, se inauguró la segunda casa, para la recepción de cuatrocientos huérfanos más. Pero eso no fue todo. En marzo de 1862 se abrió la tercera, con capacidad para cuatrocientos cincuenta niños. En noviembre de 1868 se inauguró la cuarta, y en enero de 1870, la quinta. En total, los cinco edificios tenían una capacidad para más de 2.000 niños y niñas. No se trataba de construcciones livianas, levantadas como de emergencia, sino de piedra, muy sólidas, que fueron capaces de sortear el paso de los años.</p>
<p>Veinticinco años pasaron entre la construcción de la primera y la última casa, lo cual demuestra que no fue obra de un solo impulso generoso, ni de precipitación, sino de paciente espera en Dios, venciendo los obstáculos y allanando las dificultades por medio de la oración.</p>
<h3>Un botón de muestra</h3>
<p>La fe de George Müller y de sus colaboradores tuvo muchas ocasiones de ser probada en el orfanato. ¡Cómo no, si vivían por fe día tras día! Entre las variadas experiencias vividas, hay algunas que no pueden dejar de mencionarse.<br />
<span><img class="photo_img img" src="https://fbcdn-sphotos-a.akamaihd.net/hphotos-ak-prn1/18042_445624750161_401647015161_11005306_1421542_n.jpg" alt="" width="100%" height="40%" /></span><br />
Cierta vez no había nada para ofrecer a los niños al desayuno. Los niños se sentaron en torno a las mesas como de costumbre. Allí estaban los platos y los jarros, pero no había nada en ellos. Entonces Müller dijo: «Daremos gracias a Dios por lo que vamos a recibir». No bien habían terminado de orar, cuando sonó un aldabazo en la puerta. Un lechero mayorista había tenido un accidente, rompiéndose una de las ruedas de su vagón, frente a la puerta del orfanato, por lo cual había entendido que debía entregar la leche a los niños. Mientras descargaban la leche, llegaron unos carritos de la panadería más selecta de Bristol, con un mensaje que decía que toda la hornada de pan de la noche anterior, por cierto descuido, no tenía la hermosa presentación de costumbre, así que la donaban a los niños. Así fue cómo, con muy poco retraso, los niños recibieron aquel día su desayuno ¡y en abundancia!</p>
<p>Algunas veces le preguntaban a Müller: «¿Por qué no toman el pan a crédito? Ya que el orfanato es obra del Señor, ¿no pueden ustedes confiar en él que provea los medios necesarios para pagar la cuenta al fin del trimestre?». Parecía una buena pregunta, pero Müller tenía una mejor respuesta para ella: «Dios no sólo suplirá lo necesario, sino que lo hará en el tiempo preciso: ¿Por qué confiar en Dios para el fin del trimestre y no confiar en él AHORA? Además, apoyarse en un crédito no significa en ninguna manera el fortalecimiento de la fe; y todavía más, la palabra dice: «No debáis a nadie nada». Aceptar crédito para los alimentos sería negar el objeto fundamental de las casas de huérfanos, que es mostrar delante de todo el mundo y delante de la iglesia entera, que aun en estos días malos, el Dios vivo está pronto para ayudar, consolar y socorrer en respuesta a las oraciones de los que en él confían. No necesitamos apartarnos de él para seguir a nuestros semejantes o recurrir a los métodos del mundo».<br />
<span><img class="photo_img img" src="https://fbcdn-sphotos-a.akamaihd.net/hphotos-ak-ash2/18042_445624600161_401647015161_11005305_2171250_n.jpg" alt="" width="100%" height="40%" /></span><br />
<h3>Un retrato doméstico</h3>
<p>Para ser mejor conocido, George Müller necesitaba ser visto en su vida doméstica simple y diaria. A. T. Pierson, en su libro «George Müller de Bristol» relata así: «Fue mi privilegio encontrarlo frecuentemente en el departamento Nº 3, que era el suyo, en el orfanato. Su cuarto era de tamaño medio, bien ordenado, pero modestamente amueblado, con mesa y sillas, sofá, escritorio, etc. Su Biblia casi siempre estaba abierta como un libro del cual él hacía continuamente uso.</p>
<p style="text-align: center;"><span><img class="photo_img img aligncenter" src="https://fbcdn-sphotos-a.akamaihd.net/hphotos-ak-ash2/18042_445625205161_401647015161_11005308_5512908_n.jpg" alt="" width="100%" height="40%" /></span></p>
<p>Su aspecto era alto y delgado, siempre vestido con buen gusto, y muy erguido, sus pasos eran firmes y fuertes. Su semblante, en reposo, podría haber sido considerado como severo, si no fuese por la sonrisa que tan habitualmente iluminaba sus ojos y se movía en sus facciones, y que dejó sus impresiones en las líneas de su rostro. Su estilo era de simple cortesía y dignidad espontánea: nadie en su presencia se sentiría como insignificante, y había sobre él un cierto aire de autoridad y majestad indescriptible que hacía recordar la de un príncipe y, sin embargo, mezclado con todo esto, había una simplicidad muy similar a la de un niño, que incluso hacía que ellos se sintieran cómodos con él. En su hablar nunca perdió el acento extranjero, y siempre hablaba con articulación lenta y medida, como si una doble guardia estuviese colocada en la puerta de sus labios. Con él, ese miembro indomable, la lengua, era domesticada por el Espíritu Santo y él tenía aquella marca que Santiago llama de un «varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo».</p>
<p>Aquellos que lo conocieron sólo un poco y lo vieron sólo en sus momentos serios, podrían haberlo considerado destituido de esa cualidad peculiarmente humana, el humor. Su hábito era la sobriedad, pero él gustaba de un chiste que fuese libre de toda mancha de impureza y que no poseyera alguna ofensa a otros. Para aquellos que conocía mejor y amaba, él mostró su verdadero yo, en sus arranques jocosos – como cuando en Ilfracombe, escalando con su esposa y unos amigos los cerros que daban vista al mar, él caminó un poco adelante y se sentó a descansar, y entonces, cuando ellos recién se habían sentado, se levantó y calmadamente dijo: «Muy bien, ya tuvimos un buen descanso, prosigamos».</p>
<p>Ninguna cosa era estimada por él como insignificante e indigna de ser presentada al Señor. Su amigo más antiguo, Robert C. Chapman, de Barnstaple, contó al escritor el siguiente y sencillo incidente: En sus primeros años de su amor a Cristo, visitando a un amigo y viendo que arreglaba su pluma (de escribir), le dijo: Hermano H&#8230;, ¿usted ora a Dios cuando arregla su pluma? La respuesta fue: Sería bueno si yo lo hiciese, pero no puedo decir que lo hago». El hermano Müller respondió: «Yo siempre oro, y así arreglo mi pluma mucho mejor».</p>
<p>El servicio a Dios era para él una pasión. En el mes de mayo de 1897, él fue persuadido de tomarse en Huntly un pequeño descanso de su constante servicio diario en el orfanato. En la tarde que llegó dijo: «¿Qué oportunidad hay aquí para trabajar para el Señor?» Cuando se le dijo que él acababa de salir del trabajo continuo y que aquel era un tiempo para descansar, respondió que, estando ahora libre de sus labores habituales, él sentía que debería estar ocupado de alguna otra forma en servir al Señor, para glorificar a aquel quien era su objetivo en la vida. Entonces se organizaron reuniones y él predicó tanto en Huntly como en Teignmouth.</p>
<h3>Un viejo sueño cumplido</h3>
<p>Cuando George Müller tenía 70 años de edad, el Señor le concedió el deseo que había albergado en su juventud de ser misionero, y con creces. El 26 de marzo de 1875 emprendió la primera de varias giras por el mundo. El orfanato lo había dejado en buenas manos, las de su yerno James Wright y su hija Lydia. En total realizó doce extensas giras entre sus 70 y sus 87 años de edad, comenzando por Inglaterra, siguiendo por Europa, América, Asia Menor (incluyendo Palestina), Rusia, Australia y el lejano Oriente. Se calcula que durante esos diecisiete años dirigió la palabra a más de tres millones de personas, habiendo hablado entre cinco mil y seis mil veces. Recorrió 42 países, cubriendo más de 320.000 kilómetros y ejerciendo una influencia imposible de estimar. <small>2</small></p>
<p>En sus viajes misioneros, George Müller mostró una gran firmeza en cuanto a las verdades que había aprendido en sus estudios de las Escrituras, pero también una actitud de generosidad para todos los que se mostraban sinceros creyentes en el Señor Jesús. No se resignaba a aceptar las divisiones hechas por los hombres, ni tampoco quería ocupar un terreno sectario. De acuerdo con los principios apostólicos, reconocía como «hermanos» a todos los salvados por la fe en Jesucristo, no aceptando nombres denominacionales. Él pensaba que la unidad de la iglesia se obtiene por el reconocimiento del nombre del Señor como suficiente. «Cristianos», «santos», «hermanos», «discípulos», son nombres aplicables por igual a todos los que han experimentado el poder regenerador del Espíritu Santo. Así pues, en sus relaciones con los demás cristianos era firme en sus convicciones acerca de la verdad, pero amoroso para con los que no habían recibido la misma luz que él.<br />
<span><img class="photo_img img" src="https://fbcdn-sphotos-a.akamaihd.net/hphotos-ak-ash2/18042_445625030161_401647015161_11005307_5248572_n.jpg" alt="" width="100%" height="40%" /></span><br />
Arthur T. Pierson recuerda una conversación que tuvo con George Müller aprovechando una de las giras de éste por Estados Unidos. Por aquel tiempo, A. T. Pierson sustentaba el punto de vista de que el evangelio debe primero promover la salvación de toda la raza humana y solamente entonces el Señor volverá para reinar. Esto lo expuso a Müller, y lo hizo con habilidad. Éste lo oyó en silencio, en su postura acostumbrada, con los ojos vueltos hacia el piso y las manos entre las rodillas. Al final del argumento él dijo: «Querido hermano, oí todo lo que usted acaba de decir sobre el asunto. Hay solamente un error: no tiene base en la Palabra de Dios». Entonces abrió la Biblia y durante dos horas mostró lo que la Palabra de Dios enseña, y continuó el asunto por diez días. Fue un acontecimiento definitivo en el ministerio de A. T. Pierson.</p>
<p>G. H. Lang, en su autobiografía, recuerda haber oído a George Müller en una Conferencia de la Asociación Cristiana de Jóvenes. Habló una hora y quince minutos. Esto fue lo que escribió después: «Aunque tenía 92 años, él permaneció firme y erguido e hizo un resumen, con voz muy clara, de sus 70 años de servicio a Dios. Sin usar notas, presentó hechos y datos exactos sobre la obra de asistencia a los orfanatos, distribución de folletos y Biblias, así como de sus viajes por el mundo. El número de huérfanos atendidos, de libros distribuidos, de países visitados, de dinero recibido, hasta el menor centavo en cada cuenta – todo fue relatado; y la gran exposición fue coronada con las memorables palabras: «Dios todavía está vivo, y hoy, como hace millares de años atrás, él oye las oraciones de sus hijos, y ayuda a quienes confían en él».</p>
<p>La notable preservación de su salud y fuerza en la vejez, la atribuía Müller, bajo la providencia de Dios, a tres cosas:</p>
<ol>
<ol>
<li>El hábito de mantener una conciencia sin ofensa delante de Dios y delante de los hombres.</li>
</ol>
</ol>
<p>&nbsp;</p>
<ul>
<li>El amor que sentía por las Sagradas Escrituras y el poder recuperativo que ejercían en todo su ser.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
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<ul>
<li>El contentamiento de espíritu que tenía en el Señor y en su obra (encontrándose así aliviado de toda ansiedad y afán, con su consiguiente desgaste físico y nervioso), en todos sus trabajos y responsabilidades.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>Una obra portentosa</h3>
<p>Quien leyese el informe financiero anual del trabajo de George Müller, descubriría que había un donador anónimo, que se identificaba como «un siervo del Señor Jesús que procura depositar tesoros en el cielo por el amor constreñidor de Cristo». El donador no era otro que el propio Müller. El total de sus ingresos personales ascendió a 93.000 libras esterlinas, de las cuales ofrendó para la obra 81.490 libras, 18 chelines y 8 peniques (unos cuatrocientos mil dólares) ¡Más del 87 % del total! Él afirmó: «Mi objetivo nunca fue cuánto yo iría a conseguir, sino cuánto yo iría a dar». En el momento de su partida tenía apenas 169 libras, 9 chelines y 6 peniques (Unos 850 dólares). De esta pequeña cantidad, cerca de 100 libras (500 dólares) era el avalúo de sus libros y muebles, y había solamente 60 libras en dinero (300 dólares), que estaban esperando para ser donados.</p>
<p>El orfanato, de 5.200 m2, levantado por George Müller es un gran monumento a la fe sencilla en la Palabra de Dios. Cuando Dios puso en su corazón el deseo de construirlos, él poseía apenas 2 chelines (medio dólar). Sin permitir que nadie supliese sus necesidades, excepto Dios, fueron enviadas a él cerca de un millón cuatrocientas mil libras esterlinas (unos siete millones de dólares), para la construcción y mantenimiento de aquellas casas. Durante todos los años, desde la llegada del primer huérfano, el Señor envió el alimento a su debido tiempo. Gracias a eso, ellos jamás quedaron sin siquiera una comida por falta de provisión.</p>
<p>A más de esto, a la fecha de su muerte, unas 122.000 personas habían sido enseñadas en las escuelas sostenidas por los recursos financieros que el Señor le había confiado; y cerca de 282.000 Biblias y 1.500.000 Nuevos Testamentos habían sido distribuidos. Pero todavía más: 112 millones de libros cristianos, panfletos y folletos habían circulado; misioneros de todas partes del mundo habían sido auxiliados; y nada menos de 10.000 huérfanos habían recibido cuidados, gracias a la misma provisión. ¿Cómo George Müller hizo eso? Sin ningún apoyo mundial, sin solicitar ayuda a nadie; sin contraer deudas; sin comisiones, suscripciones o membresías, sino solamente por la fe en el Señor.</p>
<p>George Müller afirmó que él creía que el Señor le había dado más de 30.000 almas en respuesta a la oración. Y esto, no sólo entre los huérfanos, sino también muchos otros por los cuales él había orado fielmente todos los días, en la fe que ellos podrían ser salvos. En uno de esos casos, él oró por dos amigos durante más de 62 años, tres meses cinco días y dos horas. Cuando le preguntaron si esperaba que aquellos dos amigos fuesen salvos, él respondió: «Definitivamente, ¿usted piensa que Dios dejaría de lado una oración de más de 60 años hecha por uno de sus pequeños, sin importarle? Poco tiempo después de la muerte de Müller, aquellos dos amigos fueron salvos.</p>
<p>El miércoles 10 de marzo de 1898, a los 93 años de edad, George Müller partió para estar con el Señor.</p>
<h3>Perfil de un carácter notable</h3>
<p>Según Arthur T. Pierson, tres cualidades o características resaltan de manera bastante notable en George Müller: la verdad, la fe y el amor.</p>
<p>«La verdad es un centro sobre el cual se refleja la franqueza, la sinceridad, la transparencia y la simplicidad propias de un niño. La verdad es la piedra angular por excelencia, pues sin ella nada más es verdadero, genuino y real.»</p>
<p>«Desde la hora de su conversión, su autenticidad fue en aumento. De hecho, había en él una escrupulosa exactitud que, a veces, parecía innecesaria. Más de alguien sonreía de la precisión matemática con la cual él relataba los hechos (en su Diario), dando los años, días y horas desde que fue traído al conocimiento de Dios, o desde que comenzó a orar por algún asunto concedido, y las libras, chelines, peniques, medio-peniques, e incluso cuartos de penique que formaban la suma total gastada para un determinado propósito. Vemos la misma exactitud escrupulosa en la repetición de las afirmaciones, sean de principios o de ocurrencias, que encontramos en su Diario, y en las cuales frecuentemente no hay ni siquiera la inexactitud de una palabra. Sin embargo, todo esto tiene un significado. Inspira absoluta confianza en el registro de los negocios del Señor.»</p>
<p>«La fe era la segunda de las características centrales de George Müller, y era únicamente el producto de la gracia. Él hallaba en la Palabra del Señor, en su bendito libro, una nueva palabra de promesa para cada nueva crisis de prueba o de necesidad; él colocaba su dedo sobre el texto y entonces miraba a Dios y decía: «Tú dijiste. Yo creo». Persuadido de la verdad infalible de Dios, él descansaba en Su palabra con fe resuelta y, consecuentemente, él quedaba en paz».</p>
<p>«Si George Müller tenía alguna gran misión, esa no era fundar una institución de fama mundial, de forma alguna, aunque fuera útil en distribuir Biblias, libros o folletos, o en dar un hogar y alimentar a millares de huérfanos, o en fundar escuelas cristianas y auxiliar obreros misioneros. Su principal misión era enseñar a los hombres que es seguro creer en la Palabra de Dios, descansar implícitamente sobre lo que sea que Él haya dicho y obedecer explícitamente lo que sea que Él haya mandado: esa oración ofrecida en fe, confiando en Su promesa y en la intercesión de Su querido Hijo, nunca es ofrecida en vano; y que la vida vivida por la fe es un andar con Dios, al lado afuera de las propias puertas del cielo.»</p>
<p>«El amor, la tercera de esa trinidad de gracias, era el otro gran secreto y lección de esta vida. ¿Y qué es el amor? No meramente un afecto complaciente por aquello que es amable, lo que es, frecuentemente, un medio-egoísmo deleitándose en la asociación y en la comunión de aquellos que nos aman. Amor es el principio de altruismo: el amor «no busca lo suyo propio»; es la preferencia de la satisfacción y del provecho del otro, por encima de lo nuestro, y, por eso, es ejercitado en dirección a lo ingrato y desagradable, para que él pueda elevarlos a un nivel más alto. Tal amor es benevolencia, en vez de complacencia, y asimismo él es «de Dios», pues él ama al ingrato y al malo.»</p>
<p>«Tal es la autonegación del amor. George Müller escogió la pobreza voluntaria para que otros pudiesen ser ricos, y la pérdida voluntaria para que otros pudiesen ganar. Su vida fue un largo esfuerzo por bendecir a otros, para ser el canal de llevar la verdad, el amor y la gracia de Dios a ellos.»</p>
<p>«A menos que el sacrificio voluntario de amor sea tomado en cuenta, la vida de George Müller todavía permanecerá en el enigma. Lealtad a la verdad, obediencia a la fe, sacrificio de amor forman la llave triple que abre para nosotros las cámaras cerradas de aquella vida.</p>
<p>Alguien le preguntó cuál era el secreto de su obra. Él dijo: «Hubo un día en que yo morí, morí completamente»; y, tal como él dijo, él se curvó más y más bajo hasta que casi tocó el piso – «morí para George Müller, sus opiniones, preferencias, gustos y voluntad – morí para el mundo, su aprobación o censura – morí para la aprobación o censura incluso de mis hermanos y amigos – y desde entonces he intentado solamente mostrarme aprobado delante de Dios».</p>
<p>***</p>
<p><small>1</small> Ver, en «Aguas Vivas» Nº 25, pp.58-60, un fragmento de su autobiografía donde desarrolla más ampliamente esta experiencia con la Palabra de Dios.<br />
<small>2</small> Un precioso episodio de fe vivido en uno de sus viajes misioneros puede leerse en «Aguas Vivas» Nº 9, p.29.</p>
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		<title>Hugh Latimer (1490-1555)</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Apr 2012 01:49:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Abraham Serey</dc:creator>
				<category><![CDATA[Biografías]]></category>
		<category><![CDATA[Reforma]]></category>
		<category><![CDATA[Reformadores]]></category>

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		<description><![CDATA[Hugh Latimer conoció la verdad en la Palabra de Dios, convirtiéndose en el predicador más famoso de su tiempo, usando como su única herramienta, la Biblia.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><em><strong><br />
Un mártir de la reforma</strong></em></p>
<p>La historia de la vida y muerte de Hugh Latimer no deja de impresionar a través de los siglos.  De ser uno de los más férreos opositores a la Reforma, y de los sacerdotes católicos más importantes de su época, pasó a ser el predicador protestante más grande de su tiempo y uno de los iconos del mensaje del Evangelio, el que proclamó con inquebrantable convicción, incluso hasta el martirio.</p>
<p>Hugh Latimer nació en Thurcaston, Leicestershire, en 1485. Completó sus estudios teológicos en 1514 en la Universidad de Cambridge.  Al año siguiente, llegó su nombramiento papal para ser ordenado sacerdote. Sobresaliente y devoto, se destacó como un contrapeso a las ideas luteranas que se difundían por las islas Británicas y se infiltraba en los claustros universitarios.  Además de estudioso, era un hombre profundamente piadoso.  Su fidelidad a la Iglesia de Roma no era mayor que su sincera creencia en Jesucristo.</p>
<p>Era un gran orador, y en un principio ocupaba esta capacidad para atacar a los que impulsaban la Reforma en la iglesia.   Se distinguía por un fervor que culminaba en el fanatismo. Era siempre el primero en las procesiones y se le veía llevar con mucho orgullo la cruz de la universidad.</p>
<p>Como un nuevo Saulo perseguía a los cristianos evangélicos y en algunos discursos tuvo tanto éxito que muchos creyeron que había aparecido el hombre capaz de medirse con Lutero y darle a la iglesia de Roma un triunfo deslumbrante.</p>
<p>Thomas Bilney concibió el plan de ganarlo para el Evangelio a fin de que sus dones fuesen puestos al servicio de mejor causa, y para comenzar su difícil tarea se valió de un procedimiento un tanto extraño. Se dirigió donde Latimer se encontraba, y le pidió que escuchase su confesión.  Pero&#8230; ¿Qué ocurría?  ¡Bilney conocido como el campeón de la herejía pedía confesarse ante el campeón del papismo!</p>
<p>Latimer creyó que sus discursos habían conseguido convencerle y que una vez sometido Thomas Bilney, harían lo mismo todos sus seguidores.  El presunto penitente se arrodilló delante del confesor, y comenzó a hacer una confesión muy diferente a la que estaba acostumbrado a escuchar el sacerdote.  Le habló de las grandes angustias de su alma, y cuán inútiles habían sido todas las obras, ceremonias y sacramentos que practicó, para verse libre de ellas.</p>
<p>Con voz emocionada y profunda sinceridad, le habló de cómo encontró la paz, cuando dejando todo confió en el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.  Le habló a Latimer del espíritu de adopción que había recibido y de la dicha que experimentaba al poder llamar a Dios, su Padre.</p>
<p>El confesor quedó estupefacto al oír tal testimonio.  Su corazón se abrió y la palabra llena de unción del piadoso Bilney penetró hasta lo más íntimo de su ser.  Esa palabra simple, pero llena de vida, le traspasó como una espada de dos filos.  El Espíritu de Dios obró en él y la luz de la verdad lo alumbró en aquella hora por ese medio inesperado.</p>
<p>Su conversión fue instantánea, como la de Saulo en el camino a Damasco.  Hugh Latimer señaló más tarde: <e</p>
<blockquote><p>&#8220;Aprendí más por medio de esta confesión, que por todas las muchas lecturas de tantos años.  Ahora me deleito en la Palabra de Dios, y dejo a los doctores de escuelas humanas con todas sus extravagancias&#8221;.</p></blockquote>
<p>Latimer, ya convertido a Cristo, dio un nuevo impulso al movimiento evangélico, pues la misma fuerza que poseía anteriormente la ocupó para defender las grandes verdades bíblicas que había conocido. Gracias a Thomas Bilney.</p>
<blockquote><p>
Hugh Latimer conoció la verdad en la Palabra de Dios, convirtiéndose en el predicador más famoso de su tiempo, usando como su única herramienta, la Biblia.
</p></blockquote>
<p>Cuando falleció Eduardo Sexto, quien fuera el mecenas de los predicadores, su trono se los disputaron dos mujeres: Lady Jane Gray y María Tudor, la primera protestante y la otra católica.  Quien ocupó el trono fue María Tudor, con el nombre de María Primera la Católica.   La llamaban María la Sanguinaria por el gran número de persecuciones religiosas que tuvieron lugar durante su reinado.  Cientos de personas fueron condenadas a muerte acusadas de herejía.  En 1553 estableció el catolicismo como religión oficial y única permitida en todo el país.</p>
<p>Hugh Latimer acusado de traición y herejía, fue arrestado de inmediato.  Luego de pasar más de un año en prisión fue condenado a muerte por defender la Biblia como la única autoridad espiritual.  El 16 de octubre de 1555 fue quemado en la hoguera en Oxford, junto a su amigo Nicholas Ridley.</p>
<p>Ridley saludó con estas palabras: &#8220;Ten confianza, Maestro Ridley, y el papel de un hombre, vamos a este día como la luz de una vela por la gracia de Dios en el Reino Unido como (confío) nunca se apagará.&#8221;<br />
Él &#8220;recibió la llama, ya que estaban abrazados. Después de que él había acariciado el rostro con las manos, y (por así decirlo) los bañaba un poco en el fuego, que murió al poco tiempo (tal como aparece) con muy poco dolor o ninguno. &#8221; </p>
<h2>Reflexión</h2>
<blockquote><p>
Hugh Latimer, de perseguidor se convirtió en perseguido y estuvo dispuesto a entregar su vida para dar testimonio de su fe en Cristo y en su Palabra, la Biblia. ¿Estaría usted dispuesto a hacer lo mismo?
</p></blockquote>
<p>“Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra” (Hebreos 11:13).</p>
]]></content:encoded>
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		<title>John Owen (1560-1660)</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Apr 2012 23:41:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Abraham Serey</dc:creator>
				<category><![CDATA[Biografías]]></category>
		<category><![CDATA[Puritanos]]></category>

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		<description><![CDATA[Probablemente ningún otro grupo cristiano ha pasado más tiempo enfatizando la obra del Espíritu Santo y la necesidad de la experiencia espiritual. Combinando una profunda perspicacia bíblica con un interés intenso en la obra experimental del Espíritu Santo, el puritanismo (1560-1660) era la cumbre de la Reformación. Han cambiado las cosas desde entonces, pero según [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Probablemente ningún otro grupo cristiano ha pasado más tiempo enfatizando la obra del Espíritu Santo y la necesidad de la experiencia espiritual.   Combinando una profunda perspicacia bíblica con un interés intenso en la obra experimental del Espíritu Santo, el puritanismo (1560-1660) era la cumbre de la Reformación.   Han cambiado las cosas desde entonces, pero según la perspectiva de este autor nunca han regresado al nivel ocupado por los puritanos ingleses.  </p>
<p>Estamos en gran deuda con los puritanos.   Su paradigma profundamente bíblico facilitó la matriz de presuposiciones donde se basa la gran mayoría de los derechos y privilegios del mundo Oeste.   El puritanismo era la era de Newton, Bunyan, Milton, Cromwell, Locke, Owen, y otros cambiadores de la generación.  </p>
<p>Por ejemplo, en la tradición rica del puritanismo con sus presuposiciones cristianas de un universo ordenado germinaba la Sociedad Real de Londres y la ciencia moderna.   De la ética del trabajo puritana inglesa bíblicamente inspirada las semillas del capitalismo moderno han echado raíces y florecido.   Del crisol de la guerra civil inglesa inspirada por los puritanos (1640) la libertad religiosa, como la conocemos hoy, apareció por primera vez en el escenario de la vida moderna, y el derecho divino de los reyes recibió un golpe fatal del cual nunca a se ha podido recuperar.   (Los escritos de Juan Locke, un hijo de puritanos, grandemente influenciaban la Guerra de Independencia de los Estados Unidos.)  </p>
<p>También era una era de profundos pensamientos bíblicos.   La mayoría de las personas se consideran que Juan Owen (1616-83), contemporáneo con Bunyan y Cromwell, era el mejor santo puritano.   De hecho, muchos lo consideran el mejor pensador teológico de Inglaterra.   Según la opinión de C. H. Spurgeon, él era &#8220;quizás el santo más profundo que jamás ha vivido.&#8221;1  Si el puritanismo era la cumbre de la teología bíblica, y Owen era el más grande y original pensador, entonces su vida merece nuestra consideración.   Hoy, más de 300 años después de su muerte, sus obras todavía están publicadas.   ¿Quién era Juan Owen y por qué es importante él para el ministro fiel de hoy?</p>
<p>LA JUVENTUD DE OWEN</p>
<p>Juan Owen nació hijo de un pastor puritano en 1616.   Su intelecto inmenso se impuso a una edad temprana.   Un niño prodigio, sus padres le inscribieron en la Universidad de Oxford a la edad de 12 años donde fue otorgado su Licenciatura en Filosofía y Letras a la edad de 16 años y su Maestría a los 19 años.   Era un hombre de disciplina estricta.   Poseía una gran ambición mundana, pero faltaba el conocimiento de la salvación.   Como alumno, él solamente se permitía a sí mismo dormir por 4 horas cada noche, esperando que sus trabajos le consiguieran favor y posición con los hombres.  </p>
<p>Cuando tenía aproximadamente 25 años, Dios empezó a obrar en su conciencia.   Dudando de su conversión, él fue a escuchar al Dr. Edmund Calumny, un predicador muy conocido.   Para la decepción de Owen, un pastor no conocido estaba predicando en el púlpito de Calumny ese día.   Sus amigos desanimados quisieron salir pero Owen estuvo demasiado cansado, entonces se quedó.   El texto del predicador fue Mateo 8:26, &#8220;¿Por qué teméis, hombres de poca fe?&#8221;   Mientras Owen escuchaba el Espíritu Santo obró en poder.   Él salió un hombre nuevo.</p>
<p>Durante este tiempo la comunidad de la Universidad de Oxford estaba dividida.   El Obispo Laud, famoso por el tribunal de Star Chamber, poco antes había sido nombrado Rector de la universidad.   Él era un Anglicano dogmático.   Estaba en favor de una iglesia nacional controlada por el Estado, lo que los puritanos llamaban &#8220;papismo&#8221; &#8211; un énfasis en la alabanza externa como las vestiduras, incienso, campanas, la señal de la cruz, y los libros de oración.   Los puritanos estaban en favor de la simplicidad &#8211; no añadiendo nada a la alabanza que no estaba mencionado explícitamente en la Escritura.  </p>
<p>Owen se puso de parte de los puritanos e inmediatamente cayó en desgracia con Laud y su partido.   Salió de Oxford sin terminar su segunda licenciatura (en divinidades).   En ese entonces, la iglesia del pueblo Fordham, y luego Coggeshall, lo llamaron a ser el pastor.   Dios bendecía sus predicaciones.   Regularmente predicaba a grupos de 2,000 personas los domingos &#8211; una congregación inmensa en el siglo 17.  </p>
<p>Durante este tiempo se casó con Mary Rooke.   Conocemos muy poco de su matrimonio salvo que tuvieron 11 hijos.   Diez de ellos murieron en la infancia &#8211; imagínese el dolor y angustia.   El undécimo sobrevivió a la edad adulta, tuvo un matrimonio infeliz, volvió a casa, y poco después murió de tuberculosis.   Como su Señor, Owen era un varón de dolores, experimentado en quebranto.</p>
<p>SU VIDA PÚBLICA</p>
<p>Cuando Owen tenía mas de treinta años la guerra civil en Inglaterra proseguía con furia entre el Parlamento dominado por los puritanos y el Rey Carlos I.   Juan Bunyan servía como soldado de infantería en el ejército del Parlamento, y el genio Oliver Cromwell se imponía en el campo de batalla.</p>
<p>En 1648, cuando Owen tenía 32 años, uno de los generales del Parlamento, Fairfax, cambió de sitio el cuartel general a Coggeshall donde Owen vivía y predicaba.   Fairfax asistía la iglesia de Owen, y se hicieron amigos.   Desde este entonces, el Parlamento lo invitaba cada vez más para predicar en las reuniones de la asamblea.   La mayoría que asistían eran protestantes y les encantaba una buena predicación bíblica.</p>
<p>Esto dirigió a uno de los eventos más importantes de su vida.   En enero de 1649, el día después de la decapitación de Carlos I, el Parlamento pidió que Owen predicara.   Era un trabajo ingrato.   La tensión era alta.   Owen estaba bajo presión severa para ponerse de parte del Parlamento o los amigos del rey.   No hizo ninguno de los dos.</p>
<p>Su sermón fue publicado, y él aprovechaba esta oportunidad para pedir a Inglaterra y sus gobernantes que consideraran la tolerancia religiosa.   Muchas personas no valoran la libertad religiosa, pero en los días de Owen los disidentes fueron frecuentemente ejecutados.   Owen luchaba en contra de esta práctica y pidió la tolerancia de las denominaciones cristianas.   Él se anticipó a su época.  </p>
<p>LOS AÑOS EN OXFORD</p>
<p>Durante la guerra civil, el Rey Carlos había establecido el cuartel general de su ejercito en Oxford.   El ejercito maltrataba las instalaciones y ahora estaban hechas un desastre.   En 1650, el Parlamento nombró a Owen el decano de Christ Church, una de las universidades más prestigiosas de Oxford, y de 1652 a 1657 él servía como el vice-rector (presidente) de la universidad.   Él restableció la buena reputación de Oxford al reconstruir sus instalaciones y emplear hombres devotos tales como Juan Howe, Tomás Goodwin, Esteban Charnock, y Felipe Henry (el padre de Mateo Henry) para enseñar el creciente número de alumnos.  </p>
<p>Durante estos años, Cromwell frecuentemente pedía que Owen visitara a Londres para consultarlo acerca de los asuntos de iglesia y estado.   Dado todas estas responsabilidades, su productividad deja anonado el corazón débil.   Además de todas sus otras responsabilidades, él publicó De Iustitia , una obra sobre la justicia de Dios; Theologouma Pantodapa , el material de las clases que enseñaba en Oxford, Biblical Theology , y tres obras todavía muy conocidas hoy, Mortification, Temptation , y Communion With God .  </p>
<p>Uno de sus enemigos describió sus predicaciones en este periodo de su vida al escribir, &#8220;Su personaje era correcto y atractivo y él tenía una comportamiento muy digno en el púlpito, una elocución elegante, una conducta encantadora e insinuante y podía por la persuasión de su oratoria&#8230; tocar y ganar la afección de sus admiradores casi como él quería.&#8221;3</p>
<p>LOS ÚLTIMOS AÑOS</p>
<p>Al final de los años 1650, Owen se retiró de Oxford y fue a vivir en el pueblo cercano de Stadhampton, donde inició una iglesia en su casa.  </p>
<p>En 1658 Cromwell murió y la situación política rápidamente desestabilizó.   En 1660, el ejército llamó a Carlos II, el hijo de Carlos I, para asumir la monarquía de su padre.   Parecía como si todos los principios por los cuales los puritanos habían trabajado y luchado pronto serían desechos.  </p>
<p>Carlos y el Parlamento empezaron a perseguir a los puritanos.   Owen sufrió la pérdida de su posición económica y su prestigio.   Se mudó a Londres a pastorear una pequeña iglesia independiente.   Él seguía en esta posición durante los próximos 20 años.  </p>
<p>Poco a poco la situación espiritual empezó a mejorar.   En 1671, Carlos II promulgó la &#8220;Declaración de indulgencia&#8221; concediendo la tolerancia a los católicos romanos y los independientes como Owen.   Era durante este tiempo que Owen se hizo amigos con Bunyan.   De hecho, cuando Bunyan no podía encontrar una editorial, Owen convenció a su propio editor a publicar la primera edición de The Pilgrim &#8216;s Progress .</p>
<p>Durante estos años Owen trabajaba sin cesar.   Además de otras obras, él escribió su comentario monumental de volúmenes múltiples Epistle to the Hebrews, a Discourse on the Holy Spirit, Apostasy (1676), Justification by Faith (1677), The Person of Christ (1678), y The Grace and Duty of Being Spiritually-minded .</p>
<p>Cuando tenía 60 años en 1676, su esposa amada, Mary, murió.   Para alguien del siglo 17, Owen era ahora un anciano; su salud empezó a debilitarse.   Padeció de ataques de gota y problemas del estómago.   Pero su ética del trabajo tremendo seguía sin disminución.   Durante el año antes de su muerte él escribió, Meditations and Discourses on the Glory of Christ .   Su editor lo estaba revisando cuando Owen estaba en su lecho de muerte.</p>
<p>Su última carta escrita a un buen amigo en agosto de 1683 ilumina su pasión por Cristo.   &#8220;Voy a ir a Él quien mi alma ha amado, o mejor dicho que me ha amado a mí con un amor eterno; el cual es la base completa de todo mi consuelo&#8230; Estoy abandonando el barco durante una gran tormenta, pero mientras el gran Capitán esté presente, la pérdida de un pobre remero será insignificante.&#8221;4   Murió unos días después a la edad de 67 años.  </p>
<p>SU TEOLOGÍA</p>
<p>La teología bíblica era su primer amor y pasión.   Él no se consideraba un filósofo o erudito, sino primero y principalmente un expositor de la Palabra de Dios.   Aunque era un calvinista por convicción, como eran casi todos sus semejantes, sus pensamientos no eran secos, sino llenos del poder del Espíritu Santo.   Mantenía un interés intenso en la experiencia espiritual, basado en las grandes verdades de la Escritura y expresado por el poder de Dios en la predicación bíblica.   Como la mayoría de los grandes pensadores cristianos él se enfocaba en los temas mayores &#8211; la trinidad, justificación por fe, y la gloria de Cristo.   Él se consideraba primeramente un pastor de almas, no un erudito.</p>
<p>SU CARÁCTER</p>
<p>Como la mayoría de los grandes pensadores, él se dedicó al conocimiento con los motivos correctos.   La razón que Owen estudiaba la teología era para mejorar su comunión secreto con Dios.   ¿Podemos nosotros decir lo mismo?   Él escribió, &#8220;Cuando el corazón está moldeado por la misma doctrina que la mente abraza; cuando la evidencia y necesidad de la verdad moran en&#8230; nuestros corazones; cuando tenemos comunión con Dios en la doctrina que afirmamos &#8211; entonces seremos guarnecidos por la gracia de Dios.&#8221;5  </p>
<p>Segundo, él aprendió como regocijarse en las grandes dificultades.   A pesar de la muerte de 11 hijos, su sufrimiento y persecución bajo Carlos II, responsabilidades intensas, y grandes presiones, él cultivaba una actitud alegre, gozosa, y agradecida.</p>
<p>Tercero, él tenía un corazón de siervo que fue evidente en su tremenda ética de trabajo.   Él se entregó completamente a la causa de Cristo y su reino.</p>
<p>Cuarto, sus estudios bíblicos lo dirigían a desarrollar una humildad profunda. Él se conocía en la luz de Cristo.   Escribió, &#8220;La responsabilidad de la fe es llenar el alma con pensamientos tales como: Yo no soy nada; un pobre gusano a la disposición de Dios; perdido, si no encontrado por Cristo; &#8211; no he hecho ni haré nada que me hace digno de ser aceptado por Dios.&#8221;6  Así este gran intelecto se veía a sí mismo ante Dios.</p>
<p>LECCIONES</p>
<p>¿Cuáles lecciones hemos aprendido de la vida de Owen?   Primero, su vida demuestra lo que puede suceder cuando Dios une un gran intelecto con una profunda ética de trabajo.   Su obra de 28 volúmenes muestra el valor de estas virtudes.   Es profunda, sustanciosa, y tiene un valor eterno.   La mayoría de la literatura cristiana publicada en este año estará agotada en 10 años, pero es probable que los hombres estarán leyendo los escritos de Owen en 200 años.  </p>
<p>Segundo, vemos el valor de integrar la erudición con la obra y responsabilidad pastoral.   Como Lutero, Calvino, Edwards, y Bunyan, Owen se consideraba primeramente pastor.   Puso un gran énfasis en la predicación.   Como fue el caso con Calvino y Lutero, sus contactos pastorales con la gente proveían un balance y perspectiva que grandemente apoderaba sus escritos teológicos.   Él evitaba las distracciones de la administración y consejería para dedicarse a la predicación y su escritos, una obra que cambiaba vidas poderosamente.</p>
<p>Tercero, la vida de Owen nos recuerda que la disciplina de Dios producirá un fruto precioso en los que están entrenados en ella.   Nadie va a querer experimentar los sufrimientos y dificultades de Owen, pero si lleguen, que los soportemos con gozo y fe.</p>
<p>Owen nos dejó con poca información personal.   Después de su muerte, sus diarios y la mayoría de sus cartas fueron perdidos.   Se puede conocer a Owen al leer sus sermones y The Glory of Christ .   Se puede comprar sus escritos en C.D. por aproximadamente $30 de Ages Software, http://www.ageslibrary.com.   Por cientos de dólares se puede comprar los 28 volúmenes de Owen publicados por Banner of Truth.   Un manual básico que puede servir de ayuda es John Owen, The Man and His Theology , editado por R. W. Oliver, Evangelical Press.  </p>
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		<title>CANONICIDAD: Antiguo Testamento</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Apr 2012 23:30:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pablo Navarrete</dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[1. De Las Sagradas Escrituras]]></category>
		<category><![CDATA[Confesión Bautista de Fe de 1689]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Cómo llegó a existir la Biblia que descansa en su librero? La Iglesia Católica sostiene que ella nos dio la Biblia, que determinó el número de libros que habían de componer el canon de las Escrituras, en particular, las Escrituras del Nuevo Testamento. El argumento es el siguiente: la iglesia [Católica] existía antes de que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>¿Cómo llegó a existir la Biblia que descansa en su librero?</strong></p>
<p>La Iglesia Católica sostiene que ella nos dio la Biblia, que determinó el número de libros que habían de componer el canon de las Escrituras, en particular, las Escrituras del Nuevo Testamento. El argumento es el siguiente: la iglesia [Católica] existía antes de que se escribiese la primera palabra de las Escrituras del Nuevo Testamento; después que se escribieron, la iglesia determinó el canon; por lo tanto, la iglesia [Católica] es una voz autorizada que debe ser obedecida, ya que sin la iglesia, no tendríamos la Biblia.</p>
<p><strong>La Afirmación Católica</strong></p>
<p><strong>¿Quién puede decidir cuáles libros forman la Biblia?</strong></p>
<p><strong>Posición de la Iglesia Católica: </strong></p>
<p>&#8220;De la misma forma en que la iglesia infalible de Cristo puede por sí sola asegurarnos que la Biblia está divinamente inspirada, así, sólo la iglesia posee la autoridad para señalar cuáles libros se han de incluir en él.&#8221; (John Walsh, S. J., This Is Catholicism (Garden City, NY. Image Books, 1959), p. 177.)</p>
<p>&#8220;La iglesia se formó antes de que se formase el Nuevo Testamento, y es como resultado de ello que afirma ser el árbitro final en asuntos de interpretación. Fue la iglesia la que reunió los libros y las cartas de que se compone el Nuevo Testamento. Ella decidió qué había de incluirse y qué había de eliminarse. Por tanto, como autora de esta colección, la iglesia está en una posición más ventajosa que el lector para decir qué significa un pasaje en particular.&#8221; (We Live: An Introduction to the Belief of Catholics Today (Londres.- The Catholic Enquiry Centre, 1980), p. 10.)</p>
<p>Este argumento suena bien y razonable, pero, ¿es correcto? ¿Es la Biblia un producto de la Iglesia Católica? ¿O acaso se formó de alguna otra manera? Uno podría excusarse descartando el asunto como algo improcedente, y afirmando que lo importante es que tenemos la Biblia. Pero no es tan sencillo como parece. La Iglesia Católica afirma que es debido a su “<strong>autoridad”</strong> que tenemos la Biblia, y por lo tanto, ella sola es la intérprete oficial de las Escrituras; si queremos saber el verdadero significado de las Escrituras, debemos escuchar a la iglesia que nos dio la Biblia.</p>
<p><strong>Argumentos de la Iglesia Católica: </strong></p>
<p>1)    <strong>No consideraron la discusión judía sobre el Canon AT:</strong> “Algunos hermanos se basan en Ro 3, 1-2 para decir que el cristiano debe reconocer esta decisión judaica palestina (la decisión fue quitar los 7 libros apócrifos contenidos en la biblia católica): &#8220;¿Qué ventaja tiene pues el judío? Primero ciertamente que les ha sido confiada la palabra de Dios&#8221;. Sin embargo, de aquí no se sigue que ellos tengan más autoridad que la Iglesia del Nuevo Testamento para aprobar los libros sagrados. ¿Cómo puede ser que rechacen al Mesías, si a ellos había sido confiada precisamente la Palabra de Dios? El hecho de que Dios les haya dado la Palabra de Dios no garantiza que sean infalibles en su interpretación o discernimiento; si lo hubiesen sido, nunca hubiesen rechazado al Mesías. Además: ¿quiénes tenían que decidir el canon? ¿Qué judíos? ¿Qué autoridad? ¿Quiénes se reunieron en <strong>Jamnia</strong> para esa decisión? ¿Hay algún documento?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>2)    <strong>Uso de la Biblia LXX por Apóstoles</strong>: Cuando los autores del NT citan algo del AT, lo citan según la traducción griega de los Setenta el 86% de las veces (recuerden que la biblia de los Setenta contenía los siete libros apócrifos) Algunos hermanos admiten esto pero tratan de decir que los siete libros eran &#8220;suplemento&#8221; del rollo grande, y por eso Cristo y los apóstoles no los citaron. Pero los autores del NT no hacían esta distinción. Citar el rollo era admitir que todo ello es inspirado. Si eran falsos, agregarlos como &#8220;suplemento&#8221; hubiera sido hacer impuro todo el rollo (y el culto en el cual se les utilizaba). Sabemos la reverencia de lo judíos hacia las Sagradas Escrituras. Cuando Jesús entró en la sinagoga para leer del libro (Lc 4, 6-17) hubiera sido un momento provechoso para decir que entre los libros había siete que no eran inspirados.</p>
<p><strong>ACLARACION: </strong></p>
<p>Todo este párrafo se basa en el error ya apuntado de creer que todo el AT circulaba como un único rollo ya fuera en su versión “corta” o “larga”. Todo indica que no era así, pues en tiempos de Jesús y los Apóstoles se empleaban con exclusividad rollos separados para los diferentes libros (con algunas excepciones como Esdras-Nehemías y los Doce Profetas Menores); ver Lucas 4:17,</p>
<p><strong>“Y se le dio el libro del profeta Isaías;  y habiendo abierto el libro,  halló el lugar donde estaba escrito:”</strong><strong></strong></p>
<p>“el volumen de Isaías” (= el rollo de Isaías; la palabra latina <em>volumen</em> significaba “algo enrollado”); posiblemente también 2 Timoteo 4:13 atestigua este uso</p>
<p><strong>“Trae,  cuando vengas,  el capote que dejé en Troas en casa de Carpo,  y los libros,  mayormente los pergaminos”</strong><strong></strong></p>
<p>Por tanto, los Apóstoles y sus discípulos perfectamente podían usar los rollos de los libros canónicos de la Septuaginta sin por eso avalar los rollos de los apócrifos.</p>
<p>3)    <strong>Concordancia de algunas citas de los libros Apócrifos con algunas del Canon</strong>: “Además, los siete sí son citados en la Tradición oral, como demuestran los padres apostólicos. Y son citados directa o indirectamente en los siguientes: Mt 6, 7 alude a Eclo 7, 14. Mt 6, 14 alude a Eclo 28, 2; Ro 1, 19-32 alude a Sab de 12, 24 a 13, 9; Ef 6, 14 la idea está en Sab 5, 17-20, y Stg 1, 19 es influenciado por Eclo 5, 13. 1 P 1, 6-7 se ve en Sab 3, 5-6. Compara Heb 1, 3 y Sab 7, 26-27 1 Co 10, 9-10 con Jud 8, 24-25, 1 Co 6, 13 y Eclo 36, 20, etc. Es importante recordar que los hermanos aceptan libros del AT que nunca son citados en el NT como Rut, Eclesiastés, Cantares, y que ¡la Carta de Judas (vv. 14 y 9) cita a 1 Enoc y la “Asunción de Moisés”! ¿Por qué aceptar algunos libros, pero no todos cuando fue la misma Iglesia que decidió aceptar toda la Biblia de una vez como la tienen los católicos?</p>
<p><strong>ACLARACION</strong></p>
<p>Por lo demás, en el Nuevo Testamento también hay citas de <strong>autores paganos</strong> (Hechos 17:28, palabras que aparecen en el <em>Himno a Zeus</em> de Cleantes y en los <em>Phaenomena</em> de Arato;</p>
<p><strong>“Porque en él vivimos,  y nos movemos,  y somos;  como algunos de vuestros propios poetas también han dicho:  Porque linaje suyo somos”</strong></p>
<p>Tito 1:2, palabras de Epimínides; y otros posibles ejemplos). Ello no le otorga estado canónico a estos autores de la gentilidad. (Véase Poets, Pagan, Quotations from, en Merril C. Tenney, Ed., <em>The Zondervan Pictorial Bible Dictionary</em>. London-Edinburgh: Marshall, Morgan &amp; Scott, 1963 p. 672.)</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Es asimismo correcto que en el NT existen alusiones a libros apócrifos/deuterocanónicos y a otros que no pertenecen al canon católico (pseudoepigráficos, que los católicos llaman apócrifos). La compilación más extensa que he podido hallar de estas alusiones, ¡treinta páginas! se encuentra en las pp. 190-219 de la obra de Craig A. Evans, <em>Noncanonical Writings and New Testament Interpretation</em>(Peabody: Hendrickson, 1992).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>4)    <strong>Redundancia en su Autoridad como Iglesia:</strong> Al fin y al cabo el debate sobre si los siete libros son apócrifos o no, es un debate sobre cómo sabemos si ellos son inspirados. Y vimos que sin la Iglesia no podemos saber esto. El católico sabe con certeza que la Biblia es inspirada porque la Iglesia católica dijo que lo era, la última vez en el concilio de Trento.</p>
<p>¿Apoya la evidencia la afirmación católica, o nos lleva en cambio en otra dirección? Daremos el primer paso para contestar esta pregunta examinando cómo llegó a existir el Antiguo Testamento así como los criterios que determinaron su canon.</p>
<p><strong>El Canon del Antiguo Testamento</strong></p>
<p>Jesús &#8220;confirmó&#8221; los treinta y nueve libros que componen el Antiguo Testamento como auténtica Palabra de Dios. Estas eran las Escrituras que Él había venido a cumplir. Después de su resurrección, Jesús se reunió con sus discípulos para informarles de todo lo que se había escrito de Él en las Escrituras: «Y comenzando desde <strong>Moisés</strong>, y siguiendo por todos los <strong>profetas</strong>, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían» (Lucas 24:27).</p>
<p>¿Qué conclusiones podemos sacar de las palabras de Jesús? Puesto que el Señor había venido a cumplir todo lo que de Él se había escrito en las Escrituras, tiene que haber existido un canon autorizado de dichas Escrituras. ¿Cómo llegaron a existir estos treinta y nueve libros que componen el Antiguo Testamento?</p>
<p>El Antiguo Testamento se formó de una forma muy sencilla. El criterio principal que determinaba si un libro debía o no incluirse en el canon concernía a su autor: era esencial que el autor fuese profeta. Si el autor era considerado un profeta de Dios, se preservaban sus obras. Esto, evidentemente, se hacía bajo la dirección de Dios.</p>
<p><strong>Ejemplos: </strong></p>
<p>Moisés fue un profeta de Dios usado por Él poderosamente. Para cerciorarse de conservar para nosotros un registro permanente de la revelación de Dios, Moisés escribió todo lo que el Señor le dijo. Además, él colocaba sus escritos en un sitio de honor: al lado del arca del pacto, donde Dios estaba presente de manera especial entre su pueblo. «Y cuando acabó Moisés de escribir las palabras de esta ley en un libro hasta concluirse, dio órdenes Moisés a los levitas que llevaban el arca del pacto de Jehová, diciendo: Tomad este libro de la ley, y ponedlo al lado del arca del pacto de Jehová vuestro Dios &#8230; » (Deuteronomio 31:24-26).</p>
<p>Josué reemplazó a Moisés como líder de Israel y fue un hombre «lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había puesto sus manos sobre él» (Deuteronomio 34:9). En el ocaso de su vida, Josué añadió otro eslabón a la cadena con sus escritos, por cuanto «escribió Josué estas palabras en el libro de la ley de Dios» (Josué 24:26). El Antiguo Testamento comenzaba a tomar forma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Samuel es uno de los profetas sobresalientes de la historia de Israel, y también él tornó una pluma para escribir: «Samuel recitó luego al pueblo las leyes del reino, y las escribió en un libro, el cual guardó delante de Jehová» (1 Samuel 10:25). Nótese el lugar especial de honor que se concede a las Escrituras: « delante de Jehová». Más aún, «los hechos del rey David, primeros y postreros, están escritos en el libro de las crónicas de Samuel vidente &#8230; » (1 Crónicas 29:29). El profeta Natán también contribuyó con la formación del Antiguo Testamento: «Los demás hechos de Salomón, primeros y postreros, ¿no están todos escritos en los libros del profeta Natán &#8230; » (2 Crónicas 9:29).</p>
<p>Cuando Israel tuvo que enfrentar setenta años de cautividad en Babilonia, Daniel pudo recurrir a los escritos del profeta Jeremías y ver que Dios había profetizado esta época. «&#8230; yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén en setenta años» (Daniel 9:2; jeremías 29:10).</p>
<p>Los profetas escribieron acerca de una gran variedad de acontecimientos en la historia del pueblo escogido de Dios, pero siempre había un tema central en sus escritos: la venida al mundo de Jesucristo el Salvador. Jesús también sostuvo que Él era la figura central de la que hablaban las Escrituras. Por lo tanto, «comenzando desde <strong>Moisés</strong>, y siguiendo por todos los <strong>profetas</strong>, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían» (Lucas 24.27).</p>
<p>Pedro, en su epístola, dice que las profecías del Antiguo Testamento cumplidas por Jesús suministran amplias pruebas de que Él es el Hijo de Dios y de que las Escrituras nos dan toda la guía y la seguridad que necesitamos (2 Pedro 1.12-21). Pedro dice que no tenemos que irnos fuera de lo que dicen las Escrituras.</p>
<p>¿Qué hemos dicho hasta ahora? <em>El Antiguo Testamento fue aceptado por el pueblo de Dios porque fue escrito por los profetas de Dios. </em>Los escritos de los profetas fueron preservados debido a su origen divino. Aunque el pueblo de Dios participó en la colección de estos escritos sagrados, eso nunca les dio una posición de autoridad sobre (ni siquiera al mismo nivel de) las Escrituras. Para el tiempo en que Jesús vino a la tierra, ya se había establecido el canon (la colección de libros reconocidos) del Antiguo Testamento, el cual recibió la aprobación de Cristo mismo. Estas fueron las Escrituras a las que Cristo apeló durante su ministerio, afirmando que el mensaje central del Antiguo Testamento hablaba de su venida para salvarnos de nuestros pecados y reconciliarnos con el Padre. En contraste con este mensaje, el Nuevo Testamento registra el cumplimiento de todo lo que Jesús realizó.</p>
<p><strong>Las Escrituras son suficientes</strong></p>
<p>Para justificar su posición, la Iglesia Católica a menudo presenta el argumento de que las Escrituras nunca afirmaron ser adecuadas para satisfacer todas nuestras necesidades, tomando como base las palabras del apóstol Juan cuando dijo: «Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén.» (Juan 21:25).</p>
<p>Lea esas palabras otra vez y fíjese si usted cree que la intención de Juan fue afirmar que la Palabra escrita de Dios, las Escrituras inspiradas, nunca fueron escritas para que fuesen la única fuente de autoridad para nuestras creencias y prácticas. ¿Realmente dijo eso Juan? Juan ni siquiera insinuó eso. En realidad, dijo exactamente lo contrario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el capítulo anterior, Juan afirma que lo que él nos cuenta acerca de Jesús es suficiente para que obtengamos la vida eterna. Cuando uno tiene vida eterna, no le hace falta nada más. <strong>Es en las Escrituras donde encontramos cómo se obtiene la vida eterna</strong><em>. </em>Esto fue lo que dijo Juan: «Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre» (Juan 20:30, 31). Por lo que a Juan respecta, la Palabra escrita de Dios es adecuada para satisfacer nuestras necesidades. Todo lo que hemos de saber acerca de cómo vivir, y cómo morir en el Señor, está contenido en las Escrituras.</p>
<p>Hay que recordar que todas las Escrituras del Antiguo Testamento, las cuales Jesús vino a cumplir, fueron canonizadas siglos antes de que Jesús viniese al mundo y de que la Iglesia Católica existiese. El procedimiento que Dios utilizó para reunir esos libros no le concedió a la agencia recolectora una autoridad pareja a la de las Escrituras. Cuando Dios usó a la iglesia primitiva como su agencia recolectora para reunir los libros que conocemos como el Nuevo Testamento, no le estaba confiriendo [a la Iglesia] una autoridad igual a la de las Escrituras. <strong><em>Dios nos legó las Escrituras para que fuesen nuestra máxima</em> <em>autoridad en todos los asuntos de fe y moralidad.</em></strong><br />
Extracto del libro &#8220;Una vez fui Católico&#8221; de Tony Coffey &#8211; Editorial Portavoz &#8211; Título original &#8220;Once a Catholic &#8211; 1993 Harvest House Publishers</p>
<p><strong>NOTA IMPORTANTISIMA: </strong></p>
<p>La misma Iglesia Católica Romana reconoce que la autoridad de los libros sagrados canónicos no radica en que así fuera decretado por ella, sino porque <em>&#8220;escritos por el Espíritu Santo, lo tienen a Dios por autor&#8230;&#8221;</em></p>
<p>«&#8230;Ahora bien, la Iglesia los tiene por sagrados y canónicos, no porque compuestos por sola industria humana, hayan sido luego aprobados por ella; ni solamente porque contengan la revelación sin error; sino porque escritos por inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios por autor, y como tales han. sido transmitidos a la misma Iglesia [Can. 4].»</p>
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		<title>CANONICIDAD</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Apr 2012 23:30:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álex Figueroa</dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[1. De Las Sagradas Escrituras]]></category>
		<category><![CDATA[Confesión Bautista de Fe de 1689]]></category>

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		<description><![CDATA[1. Definición de la Canonicidad CANONICIDAD* 1) El significado de la palabra «canon» deriva del griego «kanon» y, probablemente, también del hebreo «kane», que significa una vara para medir, o una regla; metafóricamente, la palabra ha venido a significar «norma» o «medida» de la verdad religiosa. 2) El uso de la palabra en la Biblia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>1. Definición de la Canonicidad<br />
CANONICIDAD*<br />
1) El significado de la palabra «canon» deriva del griego «kanon» y, probablemente, también del hebreo «kane», que significa una vara para medir, o una regla; metafóricamente, la palabra ha venido a significar «norma» o «medida» de la verdad religiosa.<br />
2) El uso de la palabra en la Biblia lo encontramos en Gálatas 6:16, Filipenses 3:16, donde significa que «la nueva creación» es el canon para el nuevo pueblo de Dios, «la regla», la norma del cristiano (2 Corintios 10: 13-16).<br />
3) Uso de la palabra referido a la Biblia. En el lenguaje de la Biblia «canónico» significa todo el contenido de las Escrituras; la «lista» o «catálogo» de los libros que componen la Biblia, la norma escrita reconocida por la Iglesia de los libros inspirados y, por tanto, normativos para ella.<br />
Por oposición se llama apócrifo a todo escrito que, habiendo pretendido o pretendiendo todavía la canonicidad, no es inspirado y, por lo tanto, no es reconocido por el pueblo de Dios.<br />
4) Reconocimiento de la canonicidad. La Iglesia reconoció como canónicos únicamente aquellos libros que reunieron las siguientes características propias de todo escrito portador de la Revelación divina:<br />
a) Inspiración divina.<br />
b) Apostolicidad en el caso del N.T. y Profetismo en el A.T. que son la garantía de la inspiración<br />
divina requerida.<br />
El principio para aceptar un libro era la tradición histórica de su apostolicidad. Pero hemos de entender claramente que por esta apostolicidad no se quiere decir siempre que el autor haya sido un apóstol. Desde luego, cuando éste era el caso no había dudas: porque desde muy temprano la apostolicidad fue identificada con la canonicidad. Hubo dudas en relación a Hebreos, en Occidente, y a Santiago y Judas, que retrasaron la aceptación de estos libros en el canon de ciertas iglesias. Pero en un principio no fue así. El principio de canonicidad no es, pues, estrictamente la paternidad literaria apostólica de un escrito, sino la imposición que los apóstoles hacen del mismo. De ahí que el nombre que Tertuliano usa para canon sea «instrumentum»; habla del Antiguo y Nuevo Instrumento como nosotros nos referimos al Antiguo y Nuevo Testamento. Nadie niega que los apóstoles impusieron el Antiguo Testamento a la Iglesia -como su instrumento o regia-. Al imponer nuevos libros a las iglesias que fundaban, por la misma autoridad apostólica, no se limitaron a libros de su propia redacción. Los Evangelios, que constituían la primera parte de los Nuevos libros &#8211; «Los Evangelios y los Apóstoles» fue el primer título que recibió el Nuevo Testamento-, según Justino, fueron «escritos por los apóstoles y sus compañeros». La autoridad de los apóstoles se hallaba en los libros que entregaron a la Iglesia como regla, no sólo en los que ellos mismos escribieron. Las comunidades primitivos recibieron en su Nuevo Testamento todos los libros que llevaban evidencias de haber sido dados por los apóstoles a la iglesia como código de ley; y no deben desorientarnos las vicisitudes históricas de la lenta circulación de algunos de estos libros, como si la lenta circulación significara lenta<br />
* Extracto del libro: &#8220;¿Cómo llegó la Biblia hasta nosotros?&#8221; por José Grau &#8211; Compilado por Pedro Puigvert &#8211; Editorial CLIE (Barcelona) &#8211; 1999<br />
￼<br />
«canonización» por una parte de las Iglesias (Benjamín B. Warfield, The lnspiration and Authority of the Bible, 1960, PP.415, 416).<br />
c) Unidad de la doctrina, que se deduce de los puntos anteriores y es su corolario.<br />
d) Autenticidad, es decir, genuinidad del escrito en cuanto a paternidad que se atribuye, fecha,<br />
etc., a prueba de la crítica honesta.<br />
La aceptación del Canon de la Escritura por parte de la Iglesia se basa en un criterio fundamentalmente cristológico. La Iglesia siguió el ejemplo de Jesús al admitir el A.T. como Escritura Sagrada, y estuvo atenta a la autoridad conferida a sus apóstoles por el Señor.<br />
Fue el Espíritu de Cristo el que habló por medio de los profetas, y también de los apóstoles (1° Pedro 1:11). «Las ovejas de Cristo oyen su voz indefectiblemente». (F. Bruce, El Fundamento apostólico, pp. 23,24).<br />
Establecemos ante todo que el libro de los Evangelios tiene por autores a los apóstoles, a quienes impuso el Señor mismo el encargo de predicar las Buenas Nuevas. Si tenemos también por autores a los discípulos de los apóstoles (apostólicos Marcos y Lucas), estos últimos no han escrito solos, sino con los apóstoles y según los apóstoles. Porque la predicación de los discípulos podría ser sospechosa de vanagloria si no estuviera apoyada por la autoridad de los maestros y por la autoridad de Cristo mismo, quien hizo a los apóstoles maestros. Tertuliano, Contra Marción, IV, 2.<br />
2. El Canon del Antiguo Testamento<br />
La Biblia usada Por Cristo y sus apóstoles (la Biblia de Israel) constaba de tres partes: La Ley, los<br />
Profetas y los Salmos.<br />
1. La Ley (5 libros): Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. 2. los Profetas (8 libros)<br />
a) Primeros profetas: Josué, Jueces, Samuel y Reyes.<br />
b) Profetas posteriores: Los mayores: Isaías, Jeremías y Ezequiel. Los menores: los doce.<br />
3. Los Salmos o Escritos (11 libros)<br />
a) Poéticos: Salmos, Proverbios, Job.<br />
b) Los cinco rollos: Cantares, Rut, Lamentaciones, Eclesiastés y Ester. c) Tres libros históricos: Daniel, Esdras-Nehemías, Crónicas.<br />
¿A qué obedecía esta división de los judíos? la triple división del A.T., tal como hemos detallado, correspondía al parecer a la posición de sus autores y dependía también del uso litúrgico en el Templo.<br />
Los primeros cinco libros fueron escritos por Moisés con pocas excepciones (Deuteronomio 34, por ejemplo). Los autores de la segunda división eran hombres que desempeñaban el oficio profético, para lo cual poseyeron el don de la profecía. Y los autores de la sección tercera eran siervos de Dios que tuvieron el don, pero no el oficio de profetas (David, Daniel, Salomón, etc.).<br />
Los varones del tercer grupo ocupan en el A.T. la posición que, en cierta medida, tuvieron en el N.T. hombres como Marcos, Lucas y Judas, a los cuales Tertuliano llamaba «varones apostólicos» para diferenciarlos de los mismos apóstoles.<br />
3. El Canon del Nuevo Testamento<br />
El Canon del N.T. se formó dentro de un período de tiempo mucho más corto que el del A.T. por ser la culminación, la cima de éste. El Nuevo Testamento fue compuesto en la segunda mitad del primer siglo (alrededor de 51 años, 45-96 después de Cristo), «en el cumplimiento de los tiempos» (Gálatas 4:4), la época sagrada y única de la manifestación del Hijo de Dios. Este canon consta de 27 escritos.<br />
4. El Significado del Canon<br />
Para entender correctamente lo que el canon bíblico significa para la Iglesia, y para cada cristiano, hemos de tener en cuenta:<br />
1. La Iglesia confesó, pero no confirió, la canonicidad de los libros inspirados.<br />
2. La Iglesia informó al mundo, y sigue informándole, acerca del fundamento sobre el que se<br />
asienta, pero no es ella la que formó dicho fundamento, sino Cristo mismo.<br />
3. La Iglesia fue la editora, no la autora del canon.<br />
4. El reconocimiento del canon, no la formación del canon, por parte de la Iglesia fue aquel proceso por medio del cual el pueblo fiel fue discerniendo, con creciente toma de conciencia, su fundamento profético y apostólico.<br />
5. El canon debe controlar a la Iglesia, no la Iglesia al canon, porque Dios es soberano no sólo como Señor y Salvador, sino como Revelador. Ninguna Iglesia debe pretender, someter el canon a su autoridad, sino todo lo contrario: someterse ella a la autoridad del canon. Este es su deber primario.<br />
6. El canon es una norma cerrada y única. «Al aceptar el canon y reconocer sus límites, la Iglesia no sólo distinguió entre escritos canónicos y no canónicos, sino que señaló los límites donde se encierra la única tradición apostólica autorizada.<br />
Estas tres citas sitúan el problema en su auténtica perspectiva:<br />
«Los escritos bíblicos no poseen autoridad divina porque están en el canon, sino que están en el canon porque son inspirados, es decir, porque poseen autoridad divina»(N.B. Stonehouse).<br />
«La autoridad precede a la canonicidad» (F.F. Bruce).<br />
«Al establecer el principio del canon, la Iglesia ha reconocido por esta misma actitud, que a partir de entonces, a partir de aquel momento, la tradición ya no era más criterio de verdad. Subrayó la tradición apostólica. Declaró implícitamente que, a partir de aquel momento, toda tradición posterior debería quedar sujeta y sumisa al control de la tradición apostólica (la Biblia)» (Oscar Culimann).<br />
5. El Canon Cristiano-Hebreo y el Canon Romano<br />
Hay unanimidad total entre todas las Iglesias que pretenden el nombre de cristianas por lo que se refiere al Nuevo Testamento, es decir, en cuanto al número de libros y al texto. Todas tenemos el mismo N.T.<br />
Pero no ocurre así con el Antiguo Testamento. Nuestras Biblias tienen 39 libros inspirados, cuyo texto corresponde exactamente a la división de 24 rollos practicada por Israel.<br />
En cambio, en las Biblias editadas por los católico-romanos aparecen 7 libros más, amén de ciertas adiciones a algunos libros canónicos. Los libros apócrifos son: Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico (no confundir con Eclesiastés), Baruc, 1 y 2 de Macabeos y las siguientes adiciones: Esther (10 vv. del cap. 10 al 16 de las versiones católico- romanas), Daniel 3:24-90 y caps. 13 y 14 de dichos versiones.<br />
1) Las razones que tenemos para no incluir los apócrifos<br />
a) No formaron parte nunca del canon judío. Pablo afirma que los judíos fueron los depositarios de la<br />
Revelación (Romanos 3:2) y el suyo es, por tanto, el canon válido.<br />
b) Los libros apócrifos no son citados nunca por el Señor ni por sus apóstoles en el N.T. Téngase en cuenta que el N.T. cita 280 veces al A.T. y casi siempre de la versión griega de los Setenta que contenía los apócrifos.<br />
c) Josefo, el gran historiador judío, testifica que los apócrifos no se hallaban en el canon judío.<br />
d) Filón, el gran filósofo judío de Alejandría y la comunidad judía alejandrina de habla griega (que solía usar la versión de los Setenta) no consideraron, ni usaron jamás, los apócrifos como Sagrada Escritura.<br />
e) No encontramos los apócrifos en ningún catálogo de libros canónicos reconocidos por la Iglesia en sus primeros cuatro siglos de existencia.<br />
f) Los más ilustres Padres de la Iglesia rechazaron categóricamente los apócrifos: Melitón, Atanasio, Jerónimo, Cirilo, Rufino.<br />
g) La versión de los Setenta fue una edición compuesta por motivos culturales, no religiosos.<br />
h) Los mismos libros apócrifos delatan no ser de inspiración divina. Por ejemplo, 2 Macabeos 15:39.<br />
i) los apócrifos enseñan doctrinas contrarias a otras enseñanzas bíblicas (Sabiduría 10: 1-4 compárese con Génesis 6:5-7); dejan sentir la influencia pagana sobre sus autores, pues toleran la salvación por obras, los encantamientos mágicos, las oraciones por los muertos, etc.<br />
j) Casi todos estos apócrifos fueron escritos mucho después de que se hubiera cerrado el tiempo del canon del A.T., que duró hasta Malaquías. Sus autores no pueden ser profetas, ni tener el oficio profético, ni ser, por tanto, inspirados. Ver 1 Macabeos 3:46-49 y 1 Macabeos 9:27.<br />
Las Iglesias Evangélicas, al rechazar la apócrifa, siguen fieles a la norma que rigió la historia de Israel y la Iglesia Primitiva.<br />
6. Algunas reflexiones sobre la teología del Canon<br />
La aportación de H. Ridderbos<br />
Hace medio siglo, en 1955, Herman N. Ridderbos llamó la atención sobre la naturaleza histórico-redentora del canon. Todavía en 1988 se hacían nuevas ediciones de su obra.<br />
Ridderbos afirma que la puesta en escrito de la tradición apostólica y su valoración como canon fue única y exclusivamente la obra del mismo Señor resucitado. Fue su acto final en la historia de la salvación y la revelación especial antes de la segunda venida. Había escogido a sus apóstoles para ser sus representantes, habiéndoles dado autoridad para serle testigos de su persona y de su obra, de su enseñanza y de su resurrección. El conjunto de este testimonio escrito bajo dicha autoridad apostólica es la roca sobre la que habló en Mateo 16:1-8. Sobre esta roca como fundamento, la Iglesia tiene que cimentarse y edificarse.<br />
La historia de la salvación es el registro de las obras de la gracia divina para la salvación del mundo. De etapa en etapa, la maravillosa redención llevada a cabo por Dios en Cristo -de manera única, irrepetible y siempre perfecta- fue registrada por escrito y convertida en norma, canon, para el pueblo de Dios.<br />
Así como en la cruz el Salvador pudo decir «Consumado es» (Juan 19:30), también podía exclamar al ser completado el canon: «Realizado es». Ya no queda nada más por revelar hasta la segunda venida de Cristo. Como escribe Ridderbos: «al completarse el canon, la historia de la redención llegaba a su conclusión; ya podía empezar la historia de la Iglesia».<br />
Cuando Pablo hubo predicado el Evangelio en el corazón mismo del Imperio Romano, Cristo Jesús entró triunfante como Rey de reyes allí donde Satán tenía su poderoso trono: La tarea de los apóstoles llegó a su fin. El libro de los Hechos de los Apóstoles podía cerrarse ya.<br />
Las obras de Dios son perfectas. Y la obra de la redención es la más perfecta y maravillosa obra divina. ¿Cómo imaginar siquiera la más mínima imperfección en la obra reveladora del Salvador? Si la salvación expresa el carácter perfecto de las actuaciones divinas, también tiene que mostrarlo el relato inspirado de esta redención.<br />
Mientras que el Espíritu Santo sigue obrando en la historia de la Iglesia, no debemos confundir, sin embargo, su trabajo providencial en medio de su pueblo con la inspiración por parte de este mismo Espíritu del registro sagrado de acontecimientos salvíficos llevados a cabo por Dios en Cristo. Es decir, debemos diferenciar la historia de la salvación -la historia del canon- de la historia de la Iglesia. 0 lo que es lo mismo, discernir el fundamento del edificio que, luego, va edificándose sobre dicho fundamento único (Efesios 2:20).<br />
El cierre del canon no forma parte de la historia de la Iglesia. Porque la Iglesia no hizo el canon; como tampoco el Evangelio fue obra suya. Tanto el Evangelio como el Canon crearon a la Iglesia.<br />
La autoridad de los apóstoles es la autoridad de Cristo mismo. No hay diferencia entre lo que Pablo enseña por «mandamiento» o por «permiso», o, sin tener mandamiento, bajo su propia responsabilidad.<br />
La autoridad del apostolado fue ejercida personalmente en el primer siglo y quedó limitada a este tiempo. Los apóstoles murieron y su testimonio dejó de ser personal para convertirse en palabra escrita. El apostolado fue un ministerio único e irrepetible por la misma razón. Único por quedar circunscrito a aquellos que el Señor llamó e invistió de autoridad, una autoridad ejercida con la ayuda del Espíritu Santo, que hizo de los escritos apostólicos textos inspirados e infalibles. Así lo explica Ridderbos:<br />
«Los apóstoles no fueron simplemente testigos o predicadores en sentido general, en sentido eclesiástico. Su palabra es una palabra reveladora, es, en realidad, el testimonio único, dado una vez por todas, sobre Jesucristo; un testimonio frente al cual tanto la Iglesia como el mundo son responsables y por el cual seremos juzgados todos, creyentes e inconversos».<br />
7. El Canon: ¿Confesión de fe de la Iglesia o fuente de la fe de la iglesia?<br />
No olvidemos que mientras la proclamación de la Iglesia es confesión de fe, el Canon es fuente de fe. Es decir, algo muy distinto. Sin esta fuente primera no existiría la posterior confesión.<br />
¿Historia de la formación o del reconocimiento del canon?<br />
La Iglesia no decidió nunca qué libros tenían que formar el Nuevo Testamento. La Iglesia, las iglesias, confesaron los escritos que habían recibido de la autoridad de los apóstoles, porque eran conscientes de que debían cimentarse sobre el fundamento de los apóstoles y profetas (cf. Ef. 2:20).<br />
El Señor, en su providencia, ya había decidido desde el principio los libros que constituirían el Canon inspirado.<br />
Muchos hablan hoy de la «historia de la formación del canon». Este lenguaje puede inducir a confusión. En lugar de referirnos a la «formacióndel canon», sería más concreto y exacto matizar: «historia del reconocimiento del canon». La Iglesia no engendró el N.T., sino que reconoció agradecida los escritos que le eran dados por el testimonio apostólico.<br />
La autoridad inspirada de los apóstoles es el fundamento, mientras que las confesiones y los credos de la Iglesia pertenecen al edificio que va construyéndose a lo largo de los siglos hasta que Cristo vuelva, para ser un templo santo en el Señor.<br />
El canon no es el producto de la decisión de la Iglesia, de ninguna iglesia.<br />
La diferencia entre Roma y la Reforma en este punto no consiste en el valor intrínseco de la Escritura como Palabra de Dios, que ambas reconocen igualmente. La diferencia tiene que ver con el reconocimiento de ese valor divino de la Escritura y la manera de llevarse a cabo. Según Roma, dicho reconocimiento dependería de la Iglesia C.R. Según la Reforma, de las mismas evidencias de la Escritura que se impone por sí misma a la Iglesia. La Reforma, a diferencia de Roma, no ató el canon a la Iglesia, sino la Iglesia al canon. Como enseñaba Calvino:<br />
«Por lo que la Iglesia, al recibir la Sagrado Escritura y al vindicarla por su sufragio, no la hace más auténtica, como si antes hubiese sido dudosa; sino porque la Iglesia la reconoce como la pura verdad de su Dios, la reverencia y la honra, obligada por su deber de piedad» Calvino, Institución, 1, 7.<br />
La verdad histórica, pura y simple, es que todo lo que constituye el Nuevo Testamento no fue el producto, sino la base de la decisión de la Iglesia al expresar la conciencia de su aceptación y reconocimiento de lo que el Espíritu le reveló que era canon, es decir, norma inspirada. Es aplicable al N.T. lo que Josefo decía de los libros del Antiguo: «se impusieron al consenso general de Israel como órdenes de Dios»</p>
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